domingo, 10 de marzo de 2013

Tere


Cuando me di cuenta que su muerte no significaba gran cosa para las personas, me dio rabia, tristeza y desesperación. Quisiera que, al menos, supieran que existió y todo lo que hizo por nuestra familia.

Hace dos semana mi mamá me visitó y me regaló unas fotografías que nunca había visto de ella.

—Paco encontró estas fotos y lo primero que pensamos fue en ti —dijo mi madre.

—¿Por qué? —le pregunté extrañado.

—Porque en esta foto —mi madre señaló una de las diez que sostenía—. Aparece ella con su guitarra y en esta otra, con su cámara fotográfica. Es curioso que tú hallas heredado sus aficiones.

—¡Yo nunca la vi con la guitarra! —Me sorprendió verla así. Mi alegría fue en aumento.

La fotografía tenía un color sepia, estaba maltratada, rota de los bordes, le hacían falta algunos fragmentos y con manchas cafés por todos lados. En cuanto al aspecto técnico: tenía un mal encuadre, estaba desenfocada y, para mi gusto, le faltó más tiempo de obturación. Sin embargo, en ese momento, para mí era la fotografía más hermosa que había visto.

Es difícil aceptar su partida. La recuerdo todos los días, mañanas y noches. Hace un año cuando estuve trabajando de maestro e impartí la materia de diseño en el CONAMAT, recuerdo el orgullo con el que le contaba a sus amigas que su nieto ya era maestro, o cuando empecé en la fotografía, ella fue la única que me apoyó y creyó en mí.

Un día, sin que me lo esperase, me regaló una Kodak brownie con la que ella solía tomar fotografías.

Hace más de 8 meses que se fue, no sin antes sufrir los estragos del cáncer y de una caída que le fracturó la cadera. ¿Por qué las cosas malas le pasan a gente buena? Me pregunté y, hasta el día de hoy, lo sigo haciendo.

¿Cómo lograr que las personas sepan de ella? ¿Qué tengo que hacer para que su recuerdo no quedé atrapado en la memoria de conocidos y familiares?

Considero que el primer paso es escribir sobre ella en este espacio. Que al menos ustedes sepan que existió una mujer llamada María Teresa Nava Alcalá. Ella no tuvo familia propia, pero nos adoptó y nos unió. Se esforzó para que mis hermanos salieran adelante. Pienso que lo mejor de todo fue haber tenido como abuela a una mujer valiente, honrada y alegre.

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