Era un día
nublado, sin un atisbo de luz. El frio era intenso y el cielo amenazaba con sus
nubes grises y estruendosas. Para la gran mayoría de las personas, sería un día
pésimo y desagradable para salir, yo, por otro lado soy un amante de los días
nublados, de la lluvia y el olor a tierra mojada que se impregna en el
ambiente. Lo curioso es que ese día en particular, forme parte de la inmensa
mayoría, como si presintiera lo que iba a ocurrir.
—No
me gustaría que salieras. ¿No puedes pedir un día de incapacidad? —Le pregunte
a Cecilia.
—No
amor. No me digas que ahora si crees en esas cosas. ¿No recuerdas lo que
habíamos comentado antes? a alguien se le ocurrió decir esa tontería, otro más
le siguió la corriente y ahora está de moda, pero no te preocupes. No te dejaré
nunca.
—Pero,
es qué... lo que paso con Daniela, el qué sea un caso tan cercano si me saca de
onda. Mi amor, no vayas a trabajar, solo por hoy quédate aquí conmigo, yo ya
pedí el día libre.
—No
inventes, ya ves cómo era Daniela, yo que tu hermano, no me preocupaba. Seguro
se la aplicó bien bonito, y ahí vas tú también ¿Y si me quedo que vamos a hacer?
—No sé,
ver una película o algo así...— No tuve una buena razón para defender mi punto.
Solo tenía miedo y un presentimiento que no me dejo dormir la noche anterior.
El debate se
vio interrumpido por una llamada al celular de Ceci. Fue a la sala a contestar.
—Era de la
oficina, me acaba de regañar mi jefe, ¿ya ves? voy media hora atrasada y hay un
asunto urgente. Me voy.
Esta vez no
me espero, para acompañarla hasta su trabajo, como lo hacemos regularmente.
Como toda mujer, ella se enojaría aún más si no hacia el esfuerzo por
alcanzarla. Me puse el primer pantalón que encontré y salí corriendo.
La encontré
en el patio de la unidad. Estaba inmóvil, y con la mirada perdida, le
hable y no hubo respuesta. En su rostro no había expresión alguna. No sé cuánto
tiempo duró así, pues a mí me pareció eterno.
—Mi amor me duele la
cabeza... —al fin respondió. Tenía los ojos cerrados y mantenía un gesto de
dolor que fue cambiando gradualmente a una sonrisa. Sus pies se despegaron del
suelo, la agarré de un brazo pero no pude asirla al suelo.
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