domingo, 24 de febrero de 2013

Flotar y volar



La tarde de ese día era excesivamente calurosa, no parecía invierno. El cielo completamente despejado dejaba caer de manera intensa los rayos de sol que quemaban la piel con sólo exponerla unos segundos. En el parque, las aves se reunían en torno al lago.

La lente de mi cámara reflejaba a Cecilia que llevaba puesto ese vestido rojo encantador. Retrocedí buscando un encuadre, tropecé con una piedra. Al caer, mi primer reacción fue proteger la cámara, logré hacerlo pero no sin pagar el precio con un golpe, justo en el nervio del codo. El dolor fue agudo y me quedé tendido en el piso al menos durante un minuto. Cuando por fin logré incorporarme. Me di cuenta que Cecilia ni se había inmutado.

—¿Sigues pensando en eso? —le pregunté.

Sí... no, bueno un poco, es que imagina: si fuera cierto  ¿qué significaría? No estoy diciendo que creo en esas tonterías, pero me puse a pensar y creo que me encantaría volar— Exhaló un suspiro.

Sería maravilloso. También me gustaría, pero es más bien como flotar, ¿no?, porque no es lo mismo flotar que volar o ¿sí?

Para mí es indiferente: despegar los pies del piso, desafiar la gravedad.

Pero pues también se flota en el agua. Yo creo que lo más correcto sería decir levitar.

Cecilia me vio de reojo con un aire de desprecio; volvió su mirada hacia la parvada de palomas que, en ese momento, emprendieron el vuelo por culpa de un perro curioso.

Decidimos regresar al departamento,ya que el calor era insoportable.

Al llegar a casa, Ángel nos esperaba, se notaba decepcionado. No le pregunté nada, sólo lo invité a pasar.

Habían pasado ya dos horas y mi hermano no había dicho palabra alguna. Me obligo a disparar esa pregunta.

—¿Qué pasó con Daniela?

Pues nada, no llegó.

—¿En serio?

Sí. La esperé media hora y no llegaba, entonces le hablé y no me contestó. Fueron como 20 llamadas. Creo que ya no quiso saber nada de mí. Fue lo mejor.

Pues que mala onda. Ni hablar.

Nos interrumpió el sonido repetitivo del celular de Ángel.

Bueno, bueno.

¿Qué pasó? ¿quién era?

Era del cel de Daniela, pero no me contestó. Se oía mucha interferencia.

El celular sonó de nuevo.

Bueno ¿quién es?... Hola Fanny, ¿cómo estás?

Ángel tapó la bocina:

— Es Fanny, una amiga de Daniela —siguió con la conversación.
Cálmate Fanny, más despacio...¿qué dices? ¡No lo puedo creer!

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